No creo que la que acaba haya sido una década virtuosa. Puedo decir que en lo personal me trajo satisfacciones y felicidad, pero no quiero hablar de mí. Desde mi perspectiva, esta fue una década mala. Dejamos atrás diez años marcados por la guerra, o mejor, las guerras y el retroceso en la confianza en la democracia como instrumento de cambio y beneficio colectivo.
Tuvimos una década amarga, caracterizada por la perfección en el uso del terror como arma de disuasión. Una década donde el dialogo y la argumentación perdieron contra la fuerza y las armas.
Una década frívola, de gobernantes mediáticos y “pantalleros” dispuestos a matar por mantener altas las encuestas y la opinión popular favorable.
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